nunca en mi imaginación que no es poca pasó la idea de visitar una ciudad Mediaval, cruzar sus enormes puertas atravesar el puente con sus torres y sentir el casco de los 

caballos sobre los adoquines pisoteados millones de veces por tantas generaciones, respirar esas callejuelas, admirar sus puertas, trabajadas con tanto amor, mirar las casas y entre los muros de adobe observar como se enredan las plantas, admirar el cuidado de las fachadas, el orden en todo, y resaltado por una hermosa tarde primaveral. Acogida por los moradores de una auténtica casa bávara, y después en buena compañía recorrrer la plaza, y acudir a un típico restaurant para comer lo más auténtico de esa región.
Hacemos cosas, diría la mayoría de las veces sin esperar recompensas, el tiempo pasa y recibes de vuelta el 100 por uno, hoy les comparto imágenes de mi estadía en Nürmberg y Rottenburg, Espero las disfruten, así sabré que logré transmitir mi sentir.
María Pilar