Su vuelo era en un cielo entramado de violetas
y con un sol agobiado por calores rebeldes,
escalando tejados, fue alimento de amores ingratos
eludiendo escollos en derroteros de la muerte,
tejía argumentos con silencios rotos.
De pronto en medio de la disgregación de sus partículas
se provoco una combustión alevosa
dolor mutante, sudoroso
capaz de eclosionar su universo
nunca más, infinito.
En exangüe hálito, valor se dio,
abrazándose a la fuerza superior de su destino
en ese nudo del camino pasó a ser más consciente,
pues antes su orgullo pisoteado por sandeces
no fue capaz de reconocerse un paria
y solo desde el fondo de un abismo
después de tocar el fondo de las llagas
se aprecia el fino haz filtrado
entre las lozas de la lápida.
Riada de aire puro
la luz
el todo
la nada
que salva
aun al alma
más desalmada.
escuálida, hecho harapos su vida,
se detuvo cual sastre a remendar sus abiertas llagas.
M. Pilar O
